Es una mujer de cierta edad.
No hay tiempo.
Tiene que tomar aire del neumático.
Algo la mira. Algo horrible. Pero ella también le resulta terrible a ese algo, porque es mayor de lo que debería, y está ahí. Se supone que no debería estar ahí. Se supone que debería estar en la caja. Sin embargo, es inofensiva. Eso lo sabe, aunque es
de muy corta edad; de hecho, acaba de salir de la guardería. Habla.
La cabeza de cuero la mira con su rostro sin ojos. Tuerce el gesto. Las comisuras de la boca se inclinan hacia abajo, a pesar de que no tiene boca. Y Julia se da cuenta de la suerte que ha tenido de haber encontrado solo a uno. Normalmente hay más, pero se han
ido a algún lado. Si estuvieran ahí todos juntos, la habrían echado. La que hay podría hacerlo, pero es muy curiosa.
¿Ella?
Sí.
Es de género femenino, como ella.
No hay respuesta. No hay respuesta. No hay respuesta. Entonces:
¿Qué? ¿Qué dice?
Silencio. Un algo con un rostro de cuero que cambia en una amplia habitación blanca sin techo que, en cierto modo, también es el quiosco de música de Chester's Mills. Entonces:
La niña cabeza de cuero no quiere. No piensa hacerlo.
De modo que Julia se la coge.
11
Hace frío en el quiosco y ella está muy asustada. Peor aún, está, ¿humillada? No, es algo mucho peor que la humillación. Si conociera la palabra «vejar» diría: «Sí, sí, eso es, me siento vejada». Le quitaron los pantalones.
Julia llora.
Las chicas la han dejado sola, pero aún sangra por la nariz; Lila le dio un bofetón y le prometió que le cortaría la nariz si se chivaba
arrastraba al hombre desnudo por la cosa
que lleva en la cabeza, pero ella sabe qué es lo que viene a continuación. Es lo que siempre viene a continuación cuando estás bajo la Cúpula.